Razones de mi ateísmo

Sobre mi…

S

iempre me ha parecido irreal y sorprendente que los creyentes crean. Es decir. Que entiendan que historias y leyendas dichas por el líder religioso de turno sean tomadas en serio, aún siendo totalmente ridículas y a todas luces irreales. Por esto siempre me he sentido afortunado por no haber sido influido en mi niñez por el virus de la fe.

Os voy a hacer una breve descripción de cómo llegué al lugar donde estoy ahora. Cómo pude darme cuenta de la irracionalidad de las supersticiones y religiones y cómo, utilizando la razón, poder dar las respuestas oportunas sin necesidad de Placebos religiosos ni supersticiosos.

¿QUÉ ES SER ATEO?

Antes de comenzar, deseo definir qué es ser ateo. El ateísmo, no es otra cosa que la no creencia en la existencia de divinidades. El ateísmo no requiere del conocimiento o creencia afirmativa sobre nada. De ahí que cuando alguien se refiere al ateísmo como una religión o creencia particular no sabe lo que esta hablando. El ateísmo no es una creencia ni una religión. No es una decisión tomada por estar enojados con seres que ni siquiera creemos que existan, ni por rebeldía contra la sociedad, ni para tomar decisiones morales sin tener que responder a nadie como dicen algunos religiosos. El ateísmo es una conclusión a la que se llega tras ver, escuchar y analizar la prueba y los argumentos presentados a favor y en contra de la existencia de divinidades.

Algunos confunden esto con el agnosticismo o presentan el agnosticismo como un punto medio entre el teísmo y el ateísmo. No es así. El agnosticismo responde a lo que sabemos o no sobre la existencia de divinidades, mientras que el ateísmo responde a lo que creemos o no sobre la existencia de divinidades. Es decir. El agnosticismo, más que ser un punto medio entre el teísmo y el ateísmo, es más bien una medida del nivel de duda que se pueda tener sobre la existencia o no de divinidades. O sea, usted cree (teísta) o no cree (ateo) en la existencia de divinidades. Pero también puede existir en su mente cierto grado de duda sobre su posición. Esa duda es el agnosticismo.

RELIGIÓN Y YO

Nací y crecí en España. Una país que se autoproclama católico por mayoría de confesión aunque dudo que, si entendemos que una persona pertenece a una religión cuando participa en sus ritos y dogmas, pueda haber un número considerable de verdaderos creyentes.

Mis padres no son religiosos aunque creen en Dios. Tampoco lo hablan ni lo dicen abiertamente e, incluso, no tienen un concepto muy favorable de la Iglesia. Eso sí, les mueve la tradición y el pensar que eso es lo que deben creer con arreglo a sus ideas políticas.

Mi educación primaria la realicé en un colegio privado regentado p0r una familia. Cristo presidiendo el aula y asignatura de religión computable en la nota global del curso. Y no era una clase de religión destinada a conocer el papel, características, ámbito e influencia de las religiones en le mundo. No. Era el Catecismo Católico. Podríais decirme: “Pues haber cambiado de colegio…”. Pues no serviría de nada porque la asignatura de religión era obligatoria y con las mismas características que cualquier otra asignatura.

Una tarde que le profesor preguntaba por turno aleatorio la lección que deberíamos haber estudiado del día anterior. La casualidad hizo que me tocara a mí. Me puse de pie y, recuerdo perfectamente, me preguntó: “¿Qué es la Santísima Trinidad? Y yo le contesté: “Yo soy ateo”. Ni que decir tiene que todos los compañeros de clase volvieron su mirada hacia mí con expresión de miedo, evidenciando su sorpresa y mi temeridad. Esa tarde el profesor llamó a mis padres para describirles la tragedia ocurrida y las posible consecuencias de mi rebelión.

Afortunadamente mis padres le dijeron que si eso es lo que creía yo….

Y CONTINUÉ SIÉNDOLO

Por supuesto que mi rebelión en el aula no se produjo en un golpe de ira. Yo ya era ateo. Y para mí era evidente. Estoy hablando a la edad de 10 años.

Algo así como pasó con los Reyes Magos y el día de entrega de regalos. Desde muy pequeño lo que me hizo desconfiar de que éstos existieran, era el no entender porqué la gente compraba juguetes en las tiendas si, en unos días, los Reyes los regalaban…. No me cuadraba.

Algo así me ocurría con la religión. No me cuadraba. No tenía sentido para mí. Y comencé a realizar ensayos donde me hacía preguntas y no llegaba a entender el por qué la gente creía tan ciegamente en algo teniendo los mismos conocimientos que disponía yo. Es decir. El que mis compañeros de aula creyeran en la virginidad de la virgen sabiendo lo mismo que yo sabía. No entendía cómo podían asumirlo como cierto. Que lo creyera un mayor, lo entendía porque yo era el niño. ¿Pero un compañero de aula?

Enseguida entendía que las creencias religiosas son impuestas y no razonadas. Si se razonaran no habría creencias. El ateísmo comenzaba a abrirse camino para mí.

CONFIRMANDO MI PENSAMIENTO

Con el tiempo fui confirmando mis ideas sobre mi ateísmo. Eran golpes de satisfacción cuando leía sobre filosofía u opiniones de otros ateos que decía lo mismo de lo que yo entendía llegando por mis propios pensamientos. Era gratificante saber que no estaba solo. Que había mucha gente que pensaba como yo y, a la vez, me satisfacía saber que lo que yo pensaba era confirmado y no impuesto. Es decir. Era yo el que me sentía ateo por mis propios razonamientos.

Leía filosofía. Y en mi afán por descubrir qué hace que los creyentes crean esas ideas absurdas me dispuse a leer la Biblia y el Corán, y posteriormente lo hice con la filosofia oriental, historia de la filosofía y algo de teología. Y llegué a una conclusión. Da igual la edad y conocimientos del creyente, todos han de recurrir a la irracional Fe. La razón no soporta su base religiosa.

Aunque por lo que escribo pudiera parecer lo contrario, yo llevaba mi ateísmo de una forma privada y pocos sabían cuál era mi opinión sobre la religión. Sí es cierto que no tenía ganas de hacerlo público porque es cierto que sentía que sus miradas de sorpresa y tratándome como bicho raro pudiera hacer que mi relación con el resto pudiera estropearse. Pero con el tiempo me di cuenta que los que deberían sentirse avergonzados de sus creencias son los creyentes, y no yo.

¿Quién era quien creía en serpiente habladora, barcos con todos los animales, señor caminando encima de las aguas, señor resucitando, otro dentro de un gran pez por tres días, ángeles volando, comer el cuerpo de un difundo en la misa, el vino que se convierte en sangre…. ¡Vamos hombre! ¡LOS RIDÍCULOS SON ELLOS!

Así que la idea de escribir un libro rondaba en mi mente desde hace mucho tiempo pero, gracias al devenir de los tiempos y ponernos, por medio de los blog, una manera fácil de comunicar lo que entiendo sobre mi visión del mundo, la vida y la moral. Pues inicié este blog con ese fin:

Una oportunidad a la razón sobre la ignorante fe. Dar voz al ateísmo

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