¿Por qué el Blog?

N

o ha sido una sola vez, os lo aseguro, que en los comentarios del blog me hacen consideraciones como:
  • “… si no crees en Dios, ¿por qué hablas de él?”
  • “… deja a los creyentes que crean y no te metas en cosas que no entiendes”
  • “… respeta a los creyentes ya que nosotros respetamos a los ateos”
  • “… si hablas de Dios es que lo estás buscando. Bendiciones y lo encuentres”

Sin ir más lejos, Heinrich Böll escribió

Los ateos me aburren: siempre están hablando de Dios

- Heinrich Böll

Empezaré por la última consideración. ¿Será verdad que los ateos estamos hablando de  dioses?. Yo creo que no. Pero sí es cierto que no escondo mis creencias y cuando las doy a conocer a creyentes estos ya, sólo por el hecho de saberlo parece que ya sienten la “presencia” de algo que “no encaja en su concepción” muchos no se plantean el tener tan cerca a alguien no creyente.

Y no hablo más que los creyentes sobre dioses pero sí es cierto que, como suele ocurrir, los creyentes sacan a la conversación el tema del ateísmo y me hacen la típica pregunta: “¿y tu no crees en nada?” Y es claro que, a partir de ahí, mis argumentos son calificados por los creyentes como incompresibles, irrespetuosos o diferentes… Pero sí puedo observar que no desean indagar mucho más porque, como muchos me han confesado, “así estoy bien y no me interesa saber más…” Es claro que mis respuestas bambolean sus bases. Unos desean seguir donde están y otros les remueve tanto sus entrañas que lo sienten como un menosprecio a sus creencias.

A partir de ahí todo se mide de forma distinta. Si en determinadas conversaciones dicen: “Pues esta Semana Santa iremos a Sevilla  para ver los pasos” eso no es considerado que hablen de dioses, pero si en esa misma conversación yo dijera que los pasos son interesantes y estéticos pero su significado está fuera de lugar, yo ya estoy hablando de “dioses”.

Los creyentes pueden decir: “Si Dios quiere…”, “Válgame Dios”, “Adiós”, etc… Pero será el ateo el que siempre está pensando en dioses si me limito a no utilizar esos giros ya asimilan que hago el esfuerzo para negar a Dios y, por tanto, soy yo el que “piensa en dioses”.

No hablo por boca de otros ateos. Yo soy yo. Y es lo que yo pienso. Habrá ateos que no deseen hablar de ello. Yo sí lo hago.

Estoy convencido de que  Dios no existe pero lo que sí existe son sus consecuencias. No hablo de la “obra de Dios”, hablo de lo que esas ideas y fe de los creyentes influyen en mi vida. Eso sí que existe y es palpable.

  • Si no soy comunista, ¿puedo hablar sobre el comunismo?
  • Si digo que este año lo vamos a pasar peor, ¿no puedo comentarlo por no ser político o economista?
  • Si digo que el Barcelona juega  mejor que el Real Madrid ¿no puedo decirlo sin ser futbolista? (que  conste que soy del Real Madrid)
  • Un católico ¿no puede hablar sobre lo que considere de los evangelistas?
  • Si soy ateo ¿no puedo hablar de todo lo que influye en mi vida?

 

Por supuesto que “busco”. Por supuesto. Y no paro y no deseo de dejar de hacerlo.

No se trata de la Fe. No, para nada. Tengo claro mi posición de no tener fe en mitos. No es sólo mi tiempo de vida, sino el de toda la humanidad la que me confirma la inexistencia de semejante mito. Mientras siga siendo así, seguiré leyendo, razonando y disfrutando de este mundo maravilloso sin el filtro de la religión. Aunque, como he dicho antes, sí busco. Pero busco conocimiento y con la mente abierta de que no hemos sido creados por un mito sino por procesos naturales. Unos son conocidos y otros no lo son, pero hay que tener la franqueza moral de reconocer abiertamente ese desconocimiento y no recurrir a falsas ideas Divino Placebo.

Y en esa búsqueda, en ese intento de encontrar respuestas a mis preguntas, las religiones siempre se me han presentado como un enigma. Se que responden a necesidades emocionales más allá de cualquier cuestión racional, y entiendo que para muchas personas los dioses son como ideas innatas, dado lo agresivo del adoctrinamiento que sufrieron en su infancia, pero, de todas formas… ¿Cómo tanta gente puede seguir creyendo ciertas cosas? ¿Cómo pueden estar convencidos de que, para vivir eternamente, hay un hombre invisible que contempla todo lo que haces en cada minuto de cada día de tu vida. Y de que tiene un listado cosas que no quiere que hagas. Y de que si haces cualquiera de esas cosas tiene un lugar especial lleno de “mal rollo” al que te enviará para sufrir, arder, gritar y llorar para siempre hasta el final de los tiempos… Pero te ama.

¿Por qué hablo tanto de religiones? Pues, porque sus creencias infundadas nos gobiernan a todos. Se podría decir que es por “legítima defensa”. Las religiones me importan porque siguen interviniendo en muchos aspectos de la vida. La lista es interminable…

Para empezar, la mayor parte de las religiones, especialmente los tres grandes monoteísmos, siguen siendo la principal fuerza de oposición a que se reconozca sin tapujos la igualdad de derechos entre seres humanos, independientemente de si se es varón o hembra (el desfase entre el avance de los derechos civiles de las mujeres y cómo son tratadas por las religiones, es inaceptable), de la orientación sexual y del credo de cada uno, por ejemplo.

También nos afectan a todos las creencias religiosas porque siguen siendo una de las causas más evidentes de los conflictos vivos en el mundo.

Podemos seguir con nuestra lista hablando de su negativa frontal por defecto a cualquier cosa que huela a progreso y avance científico. No entiendo, por ejemplo, esa oposición cerril a la selección genética con vistas a que un hermano por venir pueda salvar a otro ya existente y enfermo. No me cuesta ningún esfuerzo, por el contrario, ponerme en el lugar de los padres. En eso deberían quizá insistir más las religiones, en ponerse en el lugar del otro, y no en el ciego acatamiento de unos dogmas dictados por gentes que, nacidas hace miles de años, no podían encontrar para sus preguntas existenciales mejor explicación que ésta: hay en el cielo unos dioses todopoderosos que, aburridos, crearon a capricho criaturas para después poder entretenerse contemplando su sufrimiento; pero si les adoramos con sumisión y rezamos con la bastante fuerza, pueden interceder para aliviarnos ocasionalmente de esos pesares que ellos mismos crearon… ¡¡¡De locos!!!.

Y… ¿qué tiene de malo usar un condón? ¿Pero qué tiene de moralmente malo? Que alguien me lo explique. Pero que me lo explique con razonamientos del siglo XXI, si no es mucho pedir. Que no me diga que su dios así lo quiere.

Y, de paso, que me explique también por qué unas personas que eligieron la castidad para sus vidas se creen capacitadas para enseñar a los más jóvenes qué prácticas sexuales son correctas y cuáles no.

Y no me sirve que me digan que todas esas cosas se enseñan sólo a niños católicos, o sólo a niños de tal religión o de tal otra… Porque los niños deberían ser tratados como lo que son: sólo niños, no como niños cristianos, niños judíos, niños musulmanes… Precisamente, si no se les adoctrinara desde tan jóvenes a creer los sinsentidos propios de la religión de sus familias, si las religiones pudieran ser elegidas como una opción personal al llegar a la mayoría de edad, tendría yo mucho menos que decir sobre dioses y religiones.

¿Por qué algunos ateos hablamos tanto de dioses? Pues quizá porque somos los que nos tomamos esto realmente en serio.

El filósofo inglés Galen Strawson: “Creer en Dios es un insulto a Dios. Porque, por un lado, creer en él supone acusarle de haber perpetrado actos de una crueldad extrema. Y porque, por otro lado, creer en él implica suponer que, perversamente, ha dotado a las criaturas humanas de un instrumento – el intelecto – que inevitablemente les lleva […] a negar su existencia. Es tentador concluir que, si existe, será a los ateos a los que más ame […] Porque son ellos los que más en serio se lo han tomado”.

Ironías de la vida.

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